jueves 19 de noviembre de 2009

HACIA UNA NUEVA ERA COMUNICACIONAL


Si asumimos la comunicación de masas como un instrumento de lucha permanente contra los desatinos de una sociedad injusta, cambiante y compleja, lo mejor que nos puede pasar a todos es seguir elaborando mensajes verdaderamente constructivos, y hacer que lleguen a muchos. Mensajes que sean capaces de ayudar a la gente a pensar mejor. Creo que debe ser este el objetivo fundamental de la comunicación social. Con la llegada del Internet, y de todas las herramientas comunicacionales que pone a nuestro alcance, se abren numerosas oportunidades de hacer cumplir este propósito esencial.

Los medios tradicionales de comunicación escrita afrontan momentos dificilísimos. La publicidad ya casi no alcanza para tantos, los altos costos de producción (cada vez más altos) y la tozudez de los periódicos y periodistas de seguir haciendo un periodismo soso, aburrido, repetitivo y poco creativo, son elementos que se conjugan para poner en cuenta regresiva el reloj del periodismo servido en papel.

Los escépticos pueden, si quieren, analizar la situación de los periódicos más importantes del mundo, como el New York Times y el Washington post, de Estados Unidos, el Le Monde, de Francia, El Clarín, de Argentina y El Mundo, de España, para solo citar algunos. Todos, para poder sobrevivir, tuvieron que hacer cambios importantes en su estructura. La crisis financiera de alcance internacional que estalló el año pasado en los Estados Unidos, agudizó este tétrico proceso. Algunos diarios, incluso, desaparecieron con esta batida económica que igual se llevó de paso a empresas de otra naturaleza a escala continental.

Entonces, ¿Cómo construir mensajes que motiven el pensamiento crítico, si a la vez planteamos que el periodismo de papel está en crisis? La respuesta podemos encontrarla, quizás, en la última parte de esta interrogante. Es el periodismo de papel. El que escasamente se vende al pregón y duerme extensos sueños en los kioscos de venta. Es ese periodismo el que tiene el nicho preparado y sus funerales prepagos, aunque propietarios y gerentes de periódicos asuman esto como un presagio extemporáneo y exagerado. Lo que estoy diciendo es que el periódico de papel agoniza ante la mirada impotente de quienes no asimilaban esta posibilidad como una realidad latente. Amenazante.

¿Qué hacer, pues? Esta crisis real, no ideal, como interpretarían optimistas con glaucoma irreversible, nos coloca en una posición ventajosa frente al fenómeno de estos tiempos. Sí, el mismo que aludimos en el primer párrafo de esta reflexión: el Internet y su vasto universo de difusión de mensajes masivos. Es fabuloso esto que está sucediendo. Ya para cuando desparezcan los mensajes masivos escritos en papel, el mundo entero tendrá a su alcance un sinfín de opciones para enterarse de todo cuanto ocurre a su alrededor y más allá de sus fronteras.

Los periódicos digitales son cien por ciento gratuitos. La publicidad es ganancia redonda. No hay inversión en tinta ni en papel. El personal se reduce a la mínima expresión y la prisa por salir primero adquiere otra connotación. El periodismo de papel agoniza. El mundo se expande. La tecnología invade cada rincón del planeta y, lo mejor, está ahí, al alcance de todos. Sin costo alguno. Un solo click y tenemos el mundo ante nuestros ojos. En el mundo digital no existen barreras, clases sociales ni razas. La era del encubrimiento de informaciones valiosas y de interés social, es cosa del pasado.

Ya nadie podrá doblegar nuestra conciencia y obligarnos a consumir mensajes fraudulentos, maquillados e interesados. Hoy vemos pasar la manipulación cerebral por la acera de enfrente. Le decimos adiós a las cuartillas enajenantes y tramposas. Si no me lo dice el blog de mi amigo, entonces me entero entrando a mi cuenta de Facebook, Youtube, MySpace, Hi5 o Twitter. Asistimos a un fascinante cambio de cultura en la adquisición de conocimientos. No podemos estar de espaldas a este acontecimiento sin precedentes en el mundo de la comunicación social. Así es que, a construir mensajes que ayuden a la gente a pensar mejor, como dije al principio, y difundámoslos por todas las vías y a la mayor cantidad de gente posibles.
OQ

miércoles 18 de noviembre de 2009

LA GRANDEZA DE SER MADRE


De la periodista y amiga Yanessi Espinal

Aurora Ysabel Díaz-Alejo llegó hace poco menos de cuatro meses y cambió para siempre 28 años de mi existencia y guía los pasos de los años que me quedan por vivir.

Experimentar la exclusiva experiencia de dar vida cambia radicalmente nuestra concepción de vivir, porque el amor de madre es tan poderoso que una se siente capaz de hacer posible lo imposible porque a partir de ese momento los sueños no tienen límites.

Antes de experimentar la maternidad no hay rumbo fijo y las metas y planes cambian con las circunstancias, pero los hijos se convierten en un proyecto permanente que se construye a cada segundo de la existencia y que crece junto con ellos.

Antes de ser madre los proyectos que ocupan la menta del ciudadano común son cosas como obtener un título académico, quizás con lauros, y colgarlo en la pared, lograr un buen trabajo para que tu nombre aparezca firmando notas periodísticas en un diario importante de circulación nacional, para quienes elegimos el periodismo como profesión.

También se sueña con acomodarse la vida, comprarse un carro, apartamento, tener ahorros, viajar y hasta emprender un negocio propio para adquirir la independencia económica que todos deseamos.

Después de traer una vida al mundo, esas cosas no desaparecen de nuestros pensamientos, pero adquieren una dimensión diferente. Antes de los retoños una sueña para sí misma, pero cuando llegan sueña para ellos y por ellos.

Así empiezan a enseñarnos que hay que sopesar mejor las decisiones, que debemos pensar antes de hablar, que necesitamos los unos a los otros, que el valor de la vida no está en lo complejo ni en lo material, sino en lo simple y lo espiritual.

El título colgado en la pared vale, pero porque sirve de ejemplo para ellos, los lauros académicos son importantes porque queremos que nos superen en la vida, levantarse temprano ya no es difícil porque hay que enseñarle el valor del trabajo, las plazas comerciales cambian de atractivo porque nuestros ojos sólo miran prendas y accesorios para los pequeños.

También nos enseñan a cuidar nuestra imagen pública porque debemos ser su modelo a seguir, trabajamos por un mundo mejor porque en lugar de violencia queremos paz, la casa se convierte en hogar y la vida en gozo y reto permanentes.

Confieso que no entendía el concepto de una frase que mi mamá siempre repetía cuando la contradecía: “hija eres y madre serás”, Aurora Ysabel me lo enseñó, y es que el amor materno crece y se renueva, pero no envejece porque es, simplemente, la alegría más absoluta y la experiencia más gratificante.

martes 17 de noviembre de 2009

ADIÓS, "AVÍ"


Había muchas personas, Arismelvin. Acudieron gente de a pie, en yipetas, motores, bicicletas, guaguas y camionetas, pobres, de clase media alta, políticos... Todos estaban tristes. No como tú, que dibujabas la sonrisa típica del campesino tímido y bonachón. Tus padres estaban destrozados. Tus hermanitos también. Tu abuela paterna, no paró nunca de llorar. Todavía sigue llorando. Mi hermano mayor, Daniel, finge haberlo superado. Pero embuste, sigue igual de acongojado. Había muchas flores, de todas formas y colores. Arregladas para la ocasión. Las canciones en la Iglesia Católica, eran hermosas. Era un coro de jóvenes. La guitarra sonaba muy bien afinada. La tocaba una mujer que-me cuentan-es cercana a tu familia. Sus acordes hicieron llorar a muchos. Yo no lloré, debo serte sincero. Te cuento que domino la técnica de llorar por dentro. Hace mucho que lo aprendí. Así nadie ve ni sufre mis sufrimientos, porque después de todo, Arismelvin, el sufrimiento es de uno solo. No se comparte, aunque suele ser contagioso. La misa fue oficiada por un sacerdote que se equivocaba siempre que decía tu nombre. Te llamó Arismendi más de una vez. Te echaron agua por encima y te encomendaron al Señor. Dicen que es agua bendita. Tu pueblo, Villa La Mata, estaba de luto. Mi esposa, Ivonne, te lloró bastante. Mi hijo, Nilson, pregunta por ti. Solo tiene tres años. No sabía qué decirle. Es difícil. Le dije la verdad, para que aprenda a vivir desde pequeño en el mundo real. Ignoro si lo entendió. Me dice que quiere otro "Aví". ¿Recuerdas que así te decía, porque no podía pronunciar tu nombre perfectamente?. ¡Cuánto cariño le diste a mi hijo! Fue por Nilson que comenzamos a llamarte "Aví". Debo decirte que cuando fuimos a despedirte, tus padres y hermanos siempre estuvieron a tu lado. Nunca te dejaron solo. Negro, el más pequeño, no fue a despedirte. Él se quedó en casa. Fue lo mejor. ¿Sabes algo? Estabas vestido de blanco entero. Hasta te dejaron un "funky", creo que así le dicen a la forma jovial, moderna o globalizada de recortarse el pelo. Es algo así como un afro. Pero te quedaba bien. Sin embargo, Arismelvin, te veías demacrado. Pálido. No reías como siempre lo hacías. Tu rostro era otro. Totalmente transformado. Muy distinto al diciembre pasado, cuando esperamos en familia el cañonazo que anuncia un nuevo año. Tu boca, tus labios, lucían exánimes. Tu cuerpo estaba frío. Tenías aun la mueca del dolor en tu rostro. Sin la alegría acostumbrada. Te parecías un poco al Aví que intentó decir mi nombre, cuando fui a verte a la clínica. Ese día, quisiste hablarme. No pudiste. Con apuros, conseguiste balbucear: "Nino", mi apodo que nunca olvidaste. Creí que querías decirme algo. Te pusiste contento, aunque no podías reir. No tenías ganas de reír. El dolor no te dejaba reír. Aquel cáncer inmisericorde no te permitió reir. Adiviné un grito de auxilio en tu mirada apagada. Me dolió tanto ser conciente de que todo estaba perdido. ¿Que cómo sé tantas cosas?, pues porque estuve todo el tiempo cerca de tu ataúd; porque mantuve mis manos encima de aquel cajón gris que cargaba tu cuerpo inerte; Porque ví y sufrí el instante en que sellaron tu tumba. Porque ví a dos padres quebrados al sepultar a su hijo. Lo supe porque estuve en tu entierro, Arismelvin.
OQ

viernes 13 de noviembre de 2009

SAMMY Y SU CREMA ENCANTADORA


Querido Sammy, te escribo para decirte que no me preocupa la magia de tu crema blanqueadora y el efecto que produjo en tu cara blanquesina. Al contrario, creo que te ves mejor que antes. No hagas caso a los envidiosos y perdedores que se meten con tu vida privada. Tus cuartos, fama y gloria bien ganados, son tuyos y solo tuyos. Haz con ellos lo que quieras. Cómprate todas las cremas que quieras. Solo cuidate de no hacerle daño al prójimo. Nunca te había escrito, Sammy, me animé solo para preguntarte si conoces de alguna crema que ayude a limpiar la corrupción administrativa, el narcotráfico y la inseguridad ciudadana. Una crema capaz de limpiar a los desarrapados a merced de funditas oficializadas o a los organismos de seguridad del Estado atiborrados de lacras. Una crema que sirva para limpiar el honor de políticos inescrupulosos y el destino de una sociedad sin rumbo definido. ¡Ay, Sammy!, si fueras tan amable de traernos una cremita buena para aclararle la mente al presidente Leonel Fernández. Para que entienda que aunque no todos conceptualizamos, al menos tenemos derecho a exigir pulcritud y comedimiento en el manejo de recursos públicos. Sammy, cuando vengas para tu natal Dominican Republic, traenos una cremita limpiadora de pecados sin redimir, de sinvergüenzas a la franca, de ladrones apoyados, de funcionarios inservibles, de periodistas charlatanes y simuladores, de narcotraficantes dichosos y de calles entaponadas adrede. Sammy, que no se te olvide traernos una crema de marca para mantener limpias reservas morales en extinción, sanear podredumbres a borbotones y limpiarle el alma a congresistas descarados. Bueno, Sammy, ahora te dejo. Creo que cada quien tiene derecho a hacer con su vida lo que entienda más conveniente o provechoso. Solo cuidate, como te dije al principio, de no caer en la tentación de dañar a terceros. Eres dueño y amo de tu vida, tu dinero y tu fama, ya te dije. Lo demás es la expresión viva de frustraciones y voces malévolas que cobran fuerza con el coro de medios informativos concientemente divorciados de su esencia. Ah, Sammy, se me olvidaba, cuando vengas, tráeme un poco de esa untura, a ver si me quita una manchita negra que tengo en la nariz. Hablamos, Sammy.

miércoles 11 de noviembre de 2009

PROSTITUCIÓN


¡Policía, deje a esa mujer! ¿Es que no ve que está trabajando? Déjela en paz, hombre. Solo quiere alimentar a sus hijos sin hacerle daño a nadie. Que la deje, le digo. Son las dos de la mañana y tiene que trabajar duro. Está agotada. Sus niños la esperan. No puede llegar a casa con las manos vacías. Son seis hijos que tiene, señor agente. ¿Es tan difícil entenderlo? Está a punto de llorar. Tiene hambre y comienza a sentir frío, señor policía. Ella nunca estuvo presa. No hace daño a nadie. Entiéndalo, señor policía. Debe trabajar para sus crías. Son seis pequeños y el mayor no llega a diez. Pero son sus hijos. A los que da de comer cada día. A los que ama con lucura. Por ellos trabaja largas horas. Solo por ellos. ¿Y esas esposas, señor policía? ¿Son para ella? ¿Piensa apresarla? Mírela, señor policía, sus ojos están cansados. Son muchas noches desvelada. Sus fuertes piernas, señor policía, por rato la traicionan y se doblan solitas. Además, señor policía, esa esquina la consiguió trabajando. Usted no tiene derecho a quitársela. Sus hijos, señor policía, la esperan. No puede llegar con las manos vacías, recuerde usted, señor policía. ¿Porqué se rasca la cintura, señor policía? ¿No ve que está asustada esta mujer? Las luces. Aquellas luces la ponen nerviosa. ¿Qué son? ¿Ya vienen por ella? ¿Irá presa, señor policía? Sus hijos, señor agente, sus hijos la esperan. Están solos. El mayor no llega a diez años, le dije. Está llorando, señor policía. En su bolso largo y brilloso, señor policía, no hay nada aun para llevar a sus hijos, que son seis y dependen de ella. Hasta para respirar dependen de ella. La pintura asentada en su cara se deshace con sus lágrimas, señor policía. ¿No siente lástima por ella, señor policía? Esa esquina es de ella. Sus clientes se alejan. Se desespera por eso. Tiene miedo. Sus hijos, están solos. Sus niños preciosos. Inocentes. No saben nada. La esperan. Los clientes que consiguió sacrificada, usted los espantó, señor policía. Es usted un desalmado, señor policía. Sus niños, su esquina, sus clientes...su vida, señor policía. ¿Es tan difícil entenderlo?

martes 10 de noviembre de 2009

FESTEJA, SOBEIDA

Sobeida no aparece. ¿Está desaparecida Sobeida?. Si estuvo en el salón, es porque no le ha sido negado aun el derecho a lucir bella. No porque preparaba el festejo de ser libre otra vez. Ahora todos la buscan, incluso quienes la soltaron. Sobeida está suelta porque la soltaron. Salió por la puerta delantera del penal que espera de nuevo por ella. La buscan por cada rincón, eso dicen. No aparece por ningún lado, también dicen las autoridades. Y quizás no aparezca por ahora. ¿Estará celebrando Sobeida? Son solo 4.6 millones de dólares. No hay razón para alharacas. Eso no es nada, carajos. Es bueno andar con dinero efectivo, para dulces y chocolates. Más con estos niños pidiendo cosas con cada llegada a casa. Que la dejen en paz; los aires navideños se acercan, razones demás para festejar. Festeja, Sobeida, pero no tu libertad, sino saber que naciste y creciste en el país de las libertades. Si vas a huir, Sobeida, hazlo con cautela, porque todos, hasta los que te soltaron, hoy te buscan humillados, aplastados, burlados, vencidos, aturdidos, desvalidos...concientes de que te buscan y te encontrarán, porque te encontrarán donde quiera que estés, Sobeida. No hay otra forma de reponer lo irraparable. Pero tratarán, Sobeida, tratarán. Celebra si no has celebrado, Sobeida. El tiempo es corto para fiestas y hay que festejar hasta que el tiempo avise. No hay culpables, ya lo dijo el señor fiscal del Distrito Nacional. Para buscar culpables, ya tiempo habrá de sobra. Sobeida, tú estás libre. No escapaste. La dejaron escapar por la puerta de enfrente. Salió caminando. Con la elegancia de una mujer bella y segura. No corrió, como reos vulgares y roba gallinas de patio ajeno. No tenía por qué hacerlo. Y si estuvo en el salón de belleza aquél, ¿qué?. Ella tiene derecho a ponerse más bella. Y si fue a su campo y bailó con su gente su bien ganada libertad, ¿qué?. Cualquiera lo haría en su lugar. Ella solo estaba contenta, porque tuvo la fortuna de nacer, crecer y hacerce bella e inteligente en el país de las libertades.

jueves 5 de noviembre de 2009

A QUÉ JUEGA USTED, SEÑOR SECRETARIO


Los políticos se parecen tanto al niño malcriado. Actúan casi por instinto, cuando son regañados por sus padres. Ponen bembitas. Hablan y proceden de forma irreflexiva y hasta dejan de comer. Así son los niños. Los políticos, claro está, no dejarían de comer por nada en el mundo, porque en definitiva viven para vivir bien. De eso se trata. Pero no maduran, y poco les preocupa la percepción que de ellos tenga la sociedad, siempre incrédula ante sus vanos pronunciamientos. Sociólogos y sicólogos tendrían, pues, que fusionar conocimientos para abordar con éxito este extraño patrón conductual, realmene inexplicable. Cambiar de postura ante cualquier coyuntura, no es nada nuevo en la cotidianidad de nuestros políticos. La coherencia se deshace con cada (y a veces irreversible) metida de patas. Hay quienes achacan estos cambios al dicho aquel de que las circunstancias definen las acciones. El ministro de Interior y Policía, Franklin Almeyda, podrá ser remolón y amigo de dar boches diplomáticos, cuando algún reportero pregunta cosas no incluidas en su venerado salmo responsorial. Pero de tonto no tiene nada, y cuesta mucho creer que su estrategia de atacar sistemáticamente a la Policía (autodescalificación), es otra patochada más de nuestros representantes públicos. A nadie se le puede ocurrir semejante error en un político experimentado y calculador. ¿Estará bravo el ministro? ¿Con quién? o, ¿Se aburrió ya de su pupilo y tiene otro en la mira? Sus planes presidencialistas apuntan lejos. Tomar como mona de traqueo a 33 mil agentes, quizás sea una decisión parcialmente inteligente; pero solo eso, señor secretario, parcialmente inteligente. Aunque nadie se sorprendería si resulta lo contrario.